(Pitalito,
Huila, Colombia, 1950). Realizó estudios sobre procesos editoriales en México
D.F. y Bogotá y de gestión cultural en Madrid, actividades que ha desempeñado
en México, Colombia y Ecuador. Impulsor de la revista de literatura Común
Presencia y del periódico virtual Con-fabulación en Bogotá. Fue editor de la Campaña Nacional
Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura. Columnista de la revista
cultural El Búho. Actualmente se desempeña como editor general de la Revista Imaginaria
y de la Colección
de Literatura Cochasquí del Gobierno de Pichincha. En 1989 publicó su poemario
el Vuelo del cormorán, en la Colección de la Sociedad de Escritores
Ecuatorianos. En 1990, apareció su segundo libro Húmedo umbral, en la
Colección del Museo Rayo de Colombia, reeditado en 1992 por
Editorial Magisterio. Después de vivir cinco años en el Amazonas, publicó en
1997 Desolación de la lluvia, en la Colección Piedra
de Sol de la Editorial Magisterio.
En 1999, la Universidad Nacional
de Colombia, entregó en su Colección Viernes de Poesía, una selección de sus
poemas amazónicos. En 2004, publicó Secreta
mudanza, en la Casa
de la Cultura
Ecuatoriana “Benjamin Carrión”. En 2006, en edición limitada
el libro de artista, El linaje del agua,
selección de poemas con grabados del pintor Geracho Arias. En 2008 el libro de
poemas Crónica de Magdalena River, en
Ediciones El Búho. En ensayo Crimen y
castigo o la expiación que no cesa, Editorial Panamericana, 2001. En 2002
un Camino abierto, libro de crónicas
sobre la curación y el chamanismo en las selvas del Amazonas. En el 2003 se dio
a conocer su libro de arte El corazón del
pan, historia de la levadura en Colombia (Levapan S.A.), con fotografías de
Jorge Mario Múnera, impreso por el Grupo OP. Gráficas. Ha aparecido en varias
antologías de poesía y cuento. Poemas suyos han sido traducidos al francés y al
inglés. En 2008, el Gobierno del Ecuador le concedió la Ciudadanía Honoraria
por su trabajo cultural en el país.
EL HOMBRE DE SAN AGUSTÍN
Soy una máscara de rostro apacible
En el Amazonas consumí
las glándulas carótidas de un sapo
He visto a Dios
al abrir las piernas de la mujer
que suelta
humedecida
el gemido de los estrangulados
Soy la boca que llama en el amanecer
Una estela agresiva
alucinante
cubre el corazón del gran río
Fuente de aguas vivas
produce esa llaga insaciable
y a nuestra medida
EL CANTO DEL GOLOSO
Voy por el río que arrastra
la monótona masa
de la selva
Y recuerdo la infancia
sus riberas
La cabeza mueve la lengua
que siente hojas de color esmeralda
soasadas por el humo
(Piel vegetal para guardar las carnes
granos especies y huevos en rodajas)
Camaleones caminan
por mi boca
La carne del yacaré
devorada
como su rapidez
su giro inesperado
su feroz dentellada
la ansiedad
de los hombres que lo cazan
y el pavor de ser ellos
los que terminen en el vientre del río
Trozos de pirarucú
--el que duerme
en la profundidad del río--
sin un hilo de sangre
cocido en la leche
y el ají de la selva
Ah, la gamitana
el pez zanjado
como un cerdo
repleto de mariscos
de la corriente
que se infiltra
en el mar dulce
más grande de la tierra
Ah, el mundo errante del goloso
Estrella dividida
entre lo frío y lo caliente
conozco su mano abierta
voluptuosa
¿No es la cocina
un ejercicio de piedad
al ser comidos por la vida?
La única utopía
una mujer que sale
y entra
Movimiento secreto de las cosas
En el horizonte
seres de pie
angustiados
con la mano en visera
sueltan un alambre de púas
para encerrarse en su dominio incierto
Ciudades
tasajeadas por la velocidad
y su medida
A una mujer le sirven
un bogavante hirviente
en fósforos de espárrago
La taberna
Sólo pido entrar antes
de atravesar el desierto donde se enmudece
El eco de los bebedores
con el arsenal de cordeles
que brotan de sus bocas
Hirientes cabezas de pescado
envueltas en saliva
Hablan
se abrazan
intimidan
En la fiesta ululante
letra a letra tejo
la máscara que se ciñe a mi rostro
Y soy reconocido
en el vientre quieto de los días
LOS LÍMITES DEL MUNDO
I
Por largos años he escuchado
crujir el desasosiego en mi cabeza
Durante años el deseo lamió
los biombos perversos
de la soledad y sus espejos
hasta caer en mechones a mis pies
Fui arrastrado
por hojas escritas en la inutilidad
Luego una corriente subterránea
me llevó a desembocar en el Pacífico
y el miedo
la muralla que habla y cubre
en silencio al expulsado
II
Mis abuelos se alimentaron de cortezas y pastos
Soy un hombre que come todo lo que se oxida
mientras la abuela oriental
de pié ante el muro de la tarde repite
la mayor parte de mi vida he padecido hambre
Y sus palabras
piedras revueltas con lentejas
caen a mis manos
y los ojos
se hunden en un lago de azogue
donde pasan los días como nubes henchidas
EL SONIDO DEL VIENTO
Tú que caminas
con el desequilibrio que tienen los que vuelan
¿cómo afinas la voz
para escuchar la destrucción
que viene de la infancia
como una vieja herida?
¿Quién dirige tu voz que se deshoja
en gotas temblorosas?
mujer desnuda que lucha contra el viento
en el amanecer incierto de la calle
y en el bar
las gargantas se desuellan
golpeadas por la humillación
Y la mujer delgada canta
mordida por el viento y deja
en el aullido suave de la desesperanza
el hilo tenso del amor
CRÓNICA DE MAGDALENA RIVER
No cumplí las tareas que iluminaron
el ojo de los sueños de mi madre
Evité una
dos veces
ser desposada por la mansedumbre
Negué la paz falsa del deber cumplido
Dejé el estigma en su memoria
unos versos
exhumados
de una excavación azul y maloliente
Con la garganta al aire
viví
en la luna cerrada de las cosas domésticas
mordida por las deudas y el alcohol
leía en los periódicos la nota compasiva
de una mujer inútil
que escribía versos de desolación
Yo que no pude detener la sangre
entre mis piernas
vi como una masa candente entró por la ventana
e iluminó mis sueños
esa tarde callada de 1877
LA MUDANZA
Al atardecer
busco clavos y martillos
desempaco pertenencias
traídas desde lejos
de la adolescencia
del peregrinar por la ciudad
salpicada de sangre
Ahora vivo en una ciudad rodeada de volcanes
donde los días se tamizan en mallas de presagio
con la paciencia de los derrotados
despego
lenta
amorosamente
hojas carcomidas por la humedad
letras enmohecidas
Intento recordar a los amigos lejanos
golpeo el muro
donde cuelgo la riqueza
de una exposición en ruinas
Luego
de la viga
cae una soga
y borra el desamparo de la habitación
ECLIPSE
El niño viene en el camión
cegado por una cortina de agua
Del cielo caen
navajas transparentes
Se atropellan
salpican con furia
el parabrisas la carretera
la ventana
El mundo es horadado por la lluvia
Atraído por el sonido purificador
extiende la mano que se eriza
por millares de agujas
De pronto el día
es una granada abierta
El sol cubre el sendero
que restalla al paso de las ruedas
y deja
una polvareda densa
un breve vendaval de arena entre los ojos
“No llueve en todo el mundo” piensa
y asombrado comprueba ese prodigio
El hombre cierra la página del libro
escruta el horizonte ennegrecido y repite:
La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado
6 Y 7 DE NOVIEMBRE
Camisas blancas
Pila de camisas blancas
atravesadas
en el hombro derecho
por una varilla
de hierro
La lluvia brusca
incontrolada como un desalojo
como arañas reptando por el pecho
He visto doscientas ochenta sillas
colgando
del Palacio de Justicia
El crujir
subterráneo
de anónimas mujeres de mi país
Veo a Doris Salcedo
que viene silenciosa
de regiones horadadas de pavor
y de olvido