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2010

Hugo Jaramillo Muñoz
María Fernanda Espinosa
Eloy Sánchez Rosillo
Isla Correyero
José Luis Díaz-Granados
Antonio Correa Lozada
Vilma Tapia Anaya
Malú Urriola
Mario Meléndez
Margalit Matitiahu
Margarito Cuellar
Víctor Cabrera
Carmina Estrada
Victoria Guerrero Peirano
Augusto Rodríguez
Ulises Estrella
Carlos Garzón Noboa
Carmen Inés Perdomo 
Nelly Córdova Aguirreo 10]>
 
 
 

Antonio Correa Lozada

(Pitalito, Huila, Colombia, 1950). Realizó estudios sobre procesos editoriales en México D.F. y Bogotá y de gestión cultural en Madrid, actividades que ha desempeñado en México, Colombia y Ecuador. Impulsor de la revista de literatura Común Presencia y del periódico virtual Con-fabulación en Bogotá. Fue editor de la Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura.  Columnista de la revista cultural El Búho. Actualmente se desempeña como editor general de la Revista Imaginaria y de la Colección de Literatura Cochasquí del Gobierno de Pichincha. En 1989 publicó su poemario el Vuelo del cormorán, en la Colección de la Sociedad de Escritores Ecuatorianos. En 1990, apareció su segundo libro Húmedo umbral, en la Colección del Museo Rayo de Colombia, reeditado en 1992 por Editorial Magisterio. Después de vivir cinco años en el Amazonas, publicó en 1997 Desolación de la lluvia, en la Colección Piedra de Sol de la Editorial Magisterio. En 1999, la Universidad Nacional de Colombia, entregó en su Colección Viernes de Poesía, una selección de sus poemas amazónicos. En 2004, publicó Secreta mudanza, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamin Carrión”. En 2006, en edición limitada el libro de artista, El linaje del agua, selección de poemas con grabados del pintor Geracho Arias. En 2008 el libro de poemas Crónica de Magdalena River, en Ediciones El Búho. En ensayo Crimen y castigo o la expiación que no cesa, Editorial Panamericana, 2001. En 2002 un Camino abierto, libro de crónicas sobre la curación y el chamanismo en las selvas del Amazonas. En el 2003 se dio a conocer su libro de arte El corazón del pan, historia de la levadura en Colombia (Levapan S.A.), con fotografías de Jorge Mario Múnera, impreso por el Grupo OP. Gráficas. Ha aparecido en varias antologías de poesía y cuento. Poemas suyos han sido traducidos al francés y al inglés. En 2008, el Gobierno del Ecuador le concedió la Ciudadanía Honoraria por su trabajo cultural en el país.

 
 
 
EL HOMBRE DE SAN AGUSTÍN


Soy una máscara de rostro apacible

En el Amazonas consumí
las glándulas carótidas de un sapo

He visto a Dios
al abrir las piernas de la mujer
que suelta
humedecida
el gemido de los estrangulados

Soy la boca que llama en el amanecer

Una estela agresiva
alucinante
cubre el corazón del gran río

Fuente de aguas vivas
produce esa llaga insaciable
y a nuestra medida



EL CANTO DEL GOLOSO


Voy por el río que arrastra
la monótona masa
de la selva

Y recuerdo la infancia

sus riberas

La cabeza mueve la lengua
que siente hojas de color esmeralda
soasadas por el humo

(Piel vegetal para guardar las carnes
granos especies y huevos en rodajas)

Camaleones caminan
por mi boca

La carne del yacaré
devorada
como su rapidez

su giro inesperado

su feroz dentellada

la ansiedad
de los hombres que lo cazan
y el pavor de ser ellos
los que terminen en el vientre del río

Trozos de pirarucú
--el que duerme
en la profundidad del río--

sin un hilo de sangre

cocido en la leche
y el ají de la selva

Ah, la gamitana

el pez zanjado
como un cerdo

repleto de mariscos

de la corriente
que se infiltra
en el mar dulce
más grande de la tierra

Ah, el mundo errante del goloso

Estrella dividida
entre lo frío y lo caliente

conozco su mano abierta
voluptuosa

¿No es la cocina
un ejercicio de piedad
al ser comidos por la vida?

La única utopía
una mujer que sale
y entra

Movimiento secreto de las cosas

En el horizonte
seres de pie
angustiados
con la mano en visera
sueltan un alambre de púas
para encerrarse en su dominio incierto

Ciudades
tasajeadas por la velocidad
y su medida

A una mujer le sirven
un bogavante hirviente

en fósforos de espárrago

La taberna

Sólo pido entrar antes
de atravesar el desierto donde se enmudece

El eco de los bebedores
con el arsenal de cordeles
que brotan de sus bocas

Hirientes cabezas de pescado
envueltas en saliva

Hablan
se abrazan
intimidan

En la fiesta ululante
letra a letra tejo
la máscara que se ciñe a mi rostro

Y soy reconocido
en el vientre quieto de los días


LOS LÍMITES DEL MUNDO

I

Por largos años he escuchado
crujir el desasosiego en mi cabeza

Durante años el deseo lamió
los biombos perversos
de la soledad y sus espejos
hasta caer en mechones a mis pies

Fui arrastrado
por hojas escritas en la inutilidad

Luego una corriente subterránea
me llevó a desembocar en el Pacífico
y el miedo

la muralla que habla y cubre
en silencio al expulsado


II

Mis abuelos se alimentaron de cortezas y pastos

Soy un hombre que come todo lo que se oxida
mientras la abuela oriental
de pié ante el muro de la tarde repite
la mayor parte de mi vida he padecido hambre

Y sus palabras
piedras revueltas con lentejas
caen a mis manos
y los ojos
se hunden en un lago de azogue

donde pasan los días como nubes henchidas




EL SONIDO DEL VIENTO


Tú que caminas
con el desequilibrio que tienen los que vuelan
¿cómo afinas la voz
para escuchar la destrucción
que viene de la infancia
como una vieja herida?

¿Quién dirige tu voz que se deshoja
en gotas temblorosas?
mujer desnuda que lucha contra el viento
en el amanecer incierto de la calle

y en el bar
las gargantas se desuellan
golpeadas por la humillación
 
Y la mujer delgada canta
mordida por el viento y deja
en el aullido suave de la desesperanza

el hilo tenso del amor




CRÓNICA DE MAGDALENA RIVER

No cumplí las tareas que iluminaron
el ojo de los sueños de mi madre

Evité una
dos veces
ser desposada por la mansedumbre

Negué la paz falsa del deber cumplido

Dejé el estigma en su memoria
unos versos
exhumados
de una excavación azul y maloliente

Con la garganta al aire
viví
en la luna cerrada de las cosas domésticas

mordida por las deudas y el alcohol
leía en los periódicos la nota compasiva
de una mujer inútil
que escribía versos de desolación

Yo que no pude detener la sangre
entre mis piernas
vi como una masa candente entró por la ventana
e iluminó mis sueños

esa tarde callada de 1877




LA MUDANZA

Al atardecer
busco clavos y martillos

desempaco pertenencias
traídas desde lejos

de la adolescencia

del peregrinar por la ciudad
salpicada de sangre

Ahora vivo en una ciudad rodeada de volcanes
donde los días se tamizan en mallas de presagio

con la paciencia de los derrotados
despego
lenta
amorosamente

hojas carcomidas por la humedad
 
letras enmohecidas

Intento recordar a los amigos lejanos

golpeo el muro
donde cuelgo la riqueza
de una exposición en ruinas

Luego
de la viga
cae una soga

y borra el desamparo de la habitación




ECLIPSE

El niño viene en el camión
cegado por una cortina de agua

Del cielo caen
navajas transparentes

Se atropellan
salpican con furia
el parabrisas la carretera
la ventana

El mundo es horadado por la lluvia

Atraído por el sonido purificador
extiende la mano que se eriza
por millares de agujas

De pronto el día
es una granada abierta 

El sol cubre el sendero
que restalla al paso de las ruedas
y deja
una polvareda densa
un breve vendaval de arena entre los ojos

“No llueve en todo el mundo” piensa
y asombrado comprueba ese prodigio

El hombre cierra la página del libro
escruta el horizonte ennegrecido y repite:
La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado





6 Y 7 DE NOVIEMBRE

Camisas blancas

Pila de camisas blancas

atravesadas
en el hombro derecho
por una varilla
de hierro

La lluvia brusca

incontrolada como un desalojo

como arañas reptando por el pecho

He visto doscientas ochenta sillas
colgando

del Palacio de Justicia

El crujir
subterráneo
de anónimas mujeres de mi país

Veo a Doris Salcedo
que viene silenciosa
de regiones horadadas de pavor
y de olvido

Y cubre con un mueble vacío
el frío corazón


 


 



 
 
 
 
 
 
 

AUSPICIOS