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2010

Hugo Jaramillo Muñoz
María Fernanda Espinosa
Eloy Sánchez Rosillo
Isla Correyero
José Luis Díaz-Granados
Antonio Correa Lozada
Vilma Tapia Anaya
Malú Urriola
Mario Meléndez
Margalit Matitiahu
Margarito Cuellar
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Carmina Estrada
Victoria Guerrero Peirano
Augusto Rodríguez
Ulises Estrella
Carlos Garzón Noboa
Carmen Inés Perdomo 
Nelly Córdova Aguirreo 10]>
 
 
 

CARLOS GARZÓN NOBOA (Quito, 1972)


 
Poeta y pintor. Autor de los poemarios Erial y Mínima Antología Personal, es coautor de La Voz Habitada: siete poetas ecuatorianos frente a un nuevo siglo. Ha sido incluido en la antología Aldea Poética de la editorial Ópera Prima de Madrid-España y en la antología Ciudad en Verso. Sus textos también constan en revistas como Taller de la Hoja de Bogotá y en revistas del Ecuador como Línea Imaginaria, Ourovourus, Eskeletra, La Casa y Letras del Ecuador. Editor del Periódico de Poesía del Municipio de Quito. Ha participado en varios encuentros literarios dentro y fuera del país.
 

 
POESÍA
 
 
Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo…
 
SAN JUAN DE LA CRUZ
 
 
Quise crear tu cuerpo con el don de los cánticos:
inasible barro para esta voz mutilada.
 
¿Hasta cuándo serás aquel no sé qué que que-
da en mi garganta?
 
 

 
Contra el naufragio de mi raza,
abrí a tientas
en la tierra nocturna de tu cuerpo
una fértil herida en dirección a Oriente.
 
Pero, desnudo, sin armas y entre víboras,
vi llegar a un escuálido ángel de la aurora
con la cabeza de nuestro hijo,
segada por el hacha de la luna.
 
Mientras tú apaciguabas la furia,
devorando los restos de niños que perecieron
bajo las piedras de la Ciudad maldita,
destruida para siempre
por el mar y tus manos.
 
 

 
 
 
 
 
NAUFRAGIO
 
 
Asido a mis palabras,
la página se vuelve
un océano de alas.
 
 

 
 
 
 
ALUMBRAMIENTO
 
 
Guardo un nombre de luz
para el dios ciego
que desde mi garganta
encadenado asciende.
 
La lengua es fuerte,
mas la palabra, débil.
Dios nace muerto en el pesebre:
nunca he podido pronunciar su nombre.
 
 

 
 
 
 
 
                   ECCEHOMO
 
 
Se cumple mi sentencia.
Me traicionan las palabras:
son los labios del látigo en la página.
Una incertidumbre me traspasa el pecho.
La corona es de versos.
Mi destino:
¿resucitar en el poema?
 
 

 
VISIÓN DEL AMOR
 
 
Mientras mi voz se apaga,
un coro de niñas con alma de abeja
enciende panales en tus ojos.
 
Así, cuando llores,
las lágrimas serán los silencios
que endulzarán tu tristeza.
 
 

 
CHARLES BAUDELAIRE
(1821-1867)
 
 
Indefenso me exiliaron en un tiránico cuerpo,
donde viví entre cerdos: marchito y pisoteado.
 
Pero, ahora que he retornado al vientre de Satán,
¿por qué besas y adornas mi tumba
con las flores más lozanas de tu huerto?
 
¡Hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano!,
ojalá algún día el veneno de tus labios
resquebraje, al fin, la envanecida piedra.
 
 

 
 
 
INVASIÓN
 
 
El caballo que habitamos
está vacío.
 
 
 


A Ray Bradbury
 
 
Desde las cenizas del silencio, surgen indomables Sátiros con antorchas en lo alto. Sedientos de ambrosía, llaman a las virginales Ninfas con alma de abeja. En vano exploran a lo largo y ancho del nocturno Libro. Sólo escuchan susurros y jadeos que fluyen de las dormidas hojas.
 
Impacientes, los Sátiros revisan hoja por hoja el nocturno Libro, emprendiendo arduas batallas contra Cíclopes de aire que nacen y mueren en las palabras, hasta descubrir, agazapado en la última página, su feroz destino de cenizas.
 
Al creerse dueños de su vida, los Sátiros deciden conjurar con fuego este destino. Pero, en el momento de la huida, no recuerdan la clave que abre la puerta de la leyenda. El fuego avanza devorando a los Sátiros.
 
Las Ninfas, entretanto, escapan risueñas por la ventana de la página.
 

 



 
 
 
 
 
 
 

AUSPICIOS