Poeta
y pintor. Autor de los poemarios Erial y
Mínima Antología Personal, es coautor
de La Voz Habitada: siete poetas
ecuatorianos frente a un nuevo siglo. Ha sido incluido en la antología Aldea Poética de la editorial Ópera
Prima de Madrid-España y en la antología Ciudad
en Verso. Sus textos también constan en revistas como Taller de la Hoja de
Bogotá y en revistas del Ecuador como Línea
Imaginaria, Ourovourus, Eskeletra, La
Casa y Letras del Ecuador. Editor del Periódico de Poesía del Municipio de
Quito. Ha participado en varios encuentros literarios dentro y fuera del país.
POESÍA
Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil
gracias refiriendo…
SAN JUAN DE LA CRUZ
Quise crear tu cuerpo con el don de los cánticos:
inasible barro para esta voz mutilada.
¿Hasta cuándo serás aquel no sé qué que que-
da en mi garganta?
Contra el naufragio de mi
raza,
abrí a tientas
en la tierra nocturna de tu
cuerpo
una fértil herida en
dirección a Oriente.
Pero, desnudo, sin armas y
entre víboras,
vi llegar a un escuálido
ángel de la aurora
con la cabeza de nuestro
hijo,
segada por el hacha de la
luna.
Mientras tú apaciguabas la
furia,
devorando los restos de
niños que perecieron
bajo las piedras de la
Ciudad maldita,
destruida para siempre
por el mar y tus manos.
NAUFRAGIO
Asido a mis palabras,
la página se vuelve
un océano de alas.
ALUMBRAMIENTO
Guardo un nombre de luz
para el dios ciego
que desde mi garganta
encadenado asciende.
La lengua es fuerte,
mas la palabra, débil.
Dios nace muerto en el pesebre:
nunca he podido pronunciar su nombre.
ECCEHOMO
Se cumple mi sentencia.
Me traicionan las palabras:
son los labios del látigo en
la página.
Una incertidumbre me
traspasa el pecho.
La corona es de versos.
Mi destino:
¿resucitar en el poema?
VISIÓN DEL
AMOR
Mientras mi voz se apaga,
un coro de niñas con alma de abeja
enciende panales en tus ojos.
Así, cuando llores,
las lágrimas serán los silencios
que endulzarán tu tristeza.
CHARLES BAUDELAIRE
(1821-1867)
Indefenso me exiliaron en un
tiránico cuerpo,
donde viví entre cerdos:
marchito y pisoteado.
Pero, ahora que he retornado
al vientre de Satán,
¿por qué besas y adornas mi
tumba
con las flores más lozanas
de tu huerto?
¡Hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano!,
ojalá algún día el veneno de
tus labios
resquebraje, al fin, la
envanecida piedra.
INVASIÓN
El caballo que habitamos
está vacío.
A Ray Bradbury
Desde las cenizas del silencio, surgen indomables Sátiros con antorchas
en lo alto. Sedientos de ambrosía, llaman a las virginales Ninfas con alma de
abeja. En vano exploran a lo largo y ancho del nocturno Libro. Sólo escuchan
susurros y jadeos que fluyen de las dormidas hojas.
Impacientes, los Sátiros revisan hoja por hoja el nocturno Libro,
emprendiendo arduas batallas contra Cíclopes de aire que nacen y mueren en las
palabras, hasta descubrir, agazapado en la última página, su feroz destino de
cenizas.
Al creerse dueños de su vida, los Sátiros deciden conjurar con fuego
este destino. Pero, en el momento de la huida, no recuerdan la clave que abre
la puerta de la leyenda. El fuego avanza devorando a los Sátiros.
Las Ninfas, entretanto, escapan risueñas por la ventana de la página.