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2010

Hugo Jaramillo Muñoz
María Fernanda Espinosa
Eloy Sánchez Rosillo
Isla Correyero
José Luis Díaz-Granados
Antonio Correa Lozada
Vilma Tapia Anaya
Malú Urriola
Mario Meléndez
Margalit Matitiahu
Margarito Cuellar
Víctor Cabrera
Carmina Estrada
Victoria Guerrero Peirano
Augusto Rodríguez
Ulises Estrella
Carlos Garzón Noboa
Carmen Inés Perdomo 
Nelly Córdova Aguirreo 10]>
 
 
 

CATALINA SOJOS

 

 

CATALINA SOJOS (Cuenca, 1951). Premio Nacional de Poesía Gabriela Mistral 1989. Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade. 1992, otorgado por el Municipio de Quito a su libro "Tréboles Marcados". OBRAS PUBLICADAS: Poesía: HOJAS DE POESIA,   1989, FUEGO, 1990, TREBOLES MARCADOS, 1991, FETICHES, 1995, CANTOS DE PIEDRA Y AGUA, 1999, Segunda Edición, 2008, LÁMINAS DE LA MEMORIA, 1999, Prosa poética: EL RINCÓN DEL TAMBOR, 2000. Ha publicado importantes libros de literatura infantil. Está por aparecer ESCRITO EN ABRIL (ANTOLOGÍA PERSONAL) y OBRAS COMPLETAS, Colección Poesía Viva, 2009.
Directora del Museo de Sitio “Manuel A. Landívar” CCENA. Articulista de diario “El Mercurio” de Cuenca.

 




LETANÍA 

 

                                               “amor meus, pondus meus”

                                                                                             San  Agustín

                                                                                                                

 tu cuerpo abanico

                                  entre mis sienes

tu cuerpofrenda

 

tu cuerpo savia

manando leche desde los recovecos de sus últimas creaciones

 

tu cuerpo sombra

                              pesada y áspera contra mi sombra

 

piel a piel

tu cuerpo sed

                              tu cuerpo refugio de crucifixiones

 

tu cuerpo añicos

                               en las sílabas rocas

 

tu cuerpo sin contornos

                               sólo ecos

salpicando el mío

                               sólo voces

espejo

 

tu cuerpo espacio perfecto para mi cuerpo

 

 


FANGO

 

no soportas al ser que llega desde dentro.

ese mar repleto de preguntas.

la calavera del martes trece,

los sudores de antaño y el hielo presente.

 

no soportas la ebullición de tus pensamientos

rojos, cincuentones, desgastados.

no toleras contemplar tu quijada bíblica

el asno que llevas fuera, en esa piel gastada.

 

intentas recuperar la máscara,

 

sin embargo, inalterable y puntualmente

los relojes se cierran a las cinco de la tarde.

luego llega la noche y comienza el desvarío de su presencia.

entonces ronronea como un gato,

con la electricidad en tu pelambre ya nunca más felino.

y se acurruca al otro extremo de la nostalgia

y elucubras,

te vas entre las sábanas y el sueño.

te acabas,

pagas la penúltima cuota de tu muerte,

sabiendo que no es prematura

 y cuelgas rota

en aquellas agujas que el tiempo te marcó,

junto a las soledades.

 

 

 

 


DANZA

 

así

con un golpe de fresas estrujadas

tu mirada en mi boca

 

con el fuego latiendo en el desvelo

las yemas de tus dedos

 

con enjambre de chispas en el pulso

mis manos en tu pelo

 

con la misma ingenuidad de las raíces

 

mi cuerpo crepitando

en el árbol de tu cuerpo

 

VI

 

palabra a palabra lo llamaron.

mi cuerpo pasó arrastrado por sus muchos amores.

al fin el lago había abierto un dique para mi desvarío.

 

CANTO DE LA EXTRANJERA

 

cuando no estés

habrán de quedar las calles huérfanas

 

mi sombra buscará

 

preguntas en los aleros

tus ojos transitorios

 

no servirá de nada

huir del pánico y su olor

 

tu nombre llenará de mármol mi garganta

 

 

ECLIPSE

 

en la silla de ruedas prepara su infusión.

no sabe que el sol decidió su muerte.

la muchacha se levanta debajo de la piel enferma.

suavemente empuja sus cien años en anillos de luz.

la anciana se mira caer

 

danzan su último vals.

 

CANTO TERCERO

 

soy la que habita esta ciudad sin mar y escribo

con el polvo de sus cúpulas

 

cuenca llueve hacia adentro

y eleva señales

embriagada y sonámbula

con su karma de soledades

anuncia sus aldeas flotantes

 

sus dioses desplazados

su lágrima en la memoria

 

he bebido contigo el frío que rezuma en los canastos

deja que te ame más allá de los límites

 

las mujeres se alejan amamantando palomas

llevan el rostro dorado

y la retama

los ríos

han llenado de nombres su camino

 

hemos ido juntas por las calles

con la risa quemándonos los pies

y

fuimos bajando

escalones

escalones

lluviosamente peregrinas

hasta tocar el musgo de la ciudad dormida

 

cuenca

es un paisaje que se abre siempre en el mismo sitio

 

te escribo

desde mi miedo

de pronto

tu mirada se recuesta en sí misma

y ya no es fruto

pájaro

o

espejo

 

 

¿sobre qué lado de la angustia cayó mi corazón?

 

soy

la que habita el dolor que se eleva

para decir adiós a las aves

 

ESCRITO EN ABRIL

 

tú eres eva

aquella que alimenta la pérdida total;

la imposeíble;

tú eres adán

que hace nacer su rostro de dormido;

poseso, imperturbable, inmóvil;

al fondo de ti corren los hijos sin memoria;

aquellos que no recuerdan su muerte voluptuosa

y despiertan en el lugar del amor

 

tú eres babel y delfos;

pitonisa de la primera confusión y del único desamparo;

eres leda y el cisne entrelazados más allá de tu nombre;

eres el cuerpo que se resiste al gris.

 

tu oficio es conjurar y exorcizar;

contra ti las palabras y lo que queda del silencio

 

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE CAVAFIS

 

Con qué desmayo

recogiste uno de tus cabellos

extraviados en la lujuria

 

mientras - sabías -

esperaba el próximo turno

 

sin embargo cuánto darías

por volver hacia aquel lecho

 

y que las monedas te recobraran

la Alejandría perdida

 

TRES MUJERES

 

PRIMERA VOZ

 

al ángel que robamos

se le ha caído la arcilla que cubría su corazón.

ángel de madera no ha sido capaz de vencer el paso del tiempo.

lo tengo frente a mi cama

y sus mejillas, las rosas de sus senos, su ombligo

contemplan las polillas en mi cuerpo.

 

SEGUNDA VOZ

 

existe una diosa en el rescoldo de la llama.

la miro y huye quemándome las pestañas.

arde y crepita aquella que se hechiza a sí misma

con la luna llena.

los animales giran a su alrededor.

veinte y ocho círculos marcan el laberinto.

como un trazo obligado de la belleza

mírame en el cuerpo de la noche muerta.

 


TERCERA VOZ

 

jamás olvides las marcas de tu epitafio en la arena

 

 

ARENA

 

cuando el hombre llegó me ofreció un ramo de rosas,

yo deseaba un espejo; me negué a aceptarlas.

sonrió y se marchó en silencio.

pasaron seis meses hasta que apareció con un violín,

yo deseaba una  esfera; me negué a aceptarlo.

sonrió nuevamente y se marchó en silencio.

anoche volvió, me entregó una espina.

la acepté silenciosamente,

entonces el hombre se deshizo delante de mis ojos atónitos.

ahora cargo mi espejo, mi espacio y mi espina

pero sigo deseando la arena de su cuerpo

que desapareció con la última ofrenda.

 

MILONGA

 

y dijo ella:

todo penetra en mi, hecha raíces,

la sombra que devora mi garganta,

se claro de sol entre la niebla,

la muerte desgranándose en la selva.

todo provoca mis concavidades,

el recuerdo que yace inerme entre los muslos,

la caída del agua.

soy una virgen encendida que oficia lunas negras,

abre mi tiempo, toma las llaves de mi reino,

sé imagen que colma y seré toda espejos.

 

él avanzó tres pasos

y la noche creció más allá de sus manos.

 

 

ES EXTRAÑO HABITAR EN UN ÁNGEL

desacostumbrar al cuerpo de señales

 

no seguir practicando los ritos y las voces

empezar a pensarse como ese que no  era

 

asistir a la diaria ceremonia

desasida de los gestos

 

y que en ese espacio recién inaugurado

un hilillo de voz

te corra por las sienes

 

 

UMBRAL

 

a la primera palabra le ofrecimos un poncho de espóndilos

y en sus tobillos atamos sonajeras

 

cuando la noche se volvió hueso

ella huyó con su aire

 

luego quedamos manchas

de aquellos que creímos danzar en su esqueleto

 

 

 

 

 

 


 


 



 
 
 
 
 
 
 

AUSPICIOS