Esmeraldas 1959. Ha publicado m{as de 30 obras en los géneros de
poesía, cuento, novela, ensayo y literatura infantil-juvenil. Ha ganado en tres
ocasiones el premio Darío Guevara, en dos la Bienal de Poesía de Cuenca y el
premio nacional Ismael Pérez Pazmiño. A nivel internacional, el Plural
(Mëxico), el Susaeta (Colombia) y el Mantra (Argentina). Es terapeuta
biomagnético y en la actualidad tiene listo su último poemario: El fantasma de
Platón. Su pag web es: www.edgarallangarcia.com
Caracol Nocturno
Hoy retorno a vivir,
digo, a morir.
Juan Ramón Jiménez
Ovillado escucho latidos sombras
murmullos que escapan
de sueños neblinosos
(has
despertado gimoteando
palabras
oscuras
tus
manos crispadas sobre el pecho
tus
ojos mirando sin mirar)
floto a la deriva
deliro sobre mis restos
tropiezo con espacios
que se expanden rugiendo
(uvas
pisoteadas te sumergen
en una
antigua ebriedad reciente)
me recuesto empapado
sobre mi germen
ojo acuoso
labio de fuego que gira
entre veloces cuerpos esmaltados
(emerges
animal salvaje
sucio
de fango y sangre
bestia
rojiza que galopa desaforada
entre
los estallidos de un incendio)
luces oxidadas
cielo de melaza caliente
destellos feroces
en la desembocadura de un desierto
(desciendes gritando entre dos muslos)
la ciudad viscosa me cerca
(te roza con dedos de pulpo)
aterrorizado
devoro sueños carcomidos
selvas titilantes
astillas de cristales turbios
(en
mitad de la resaca
saltas
al abismo)
es mi grito demente
que espanta y devora
(es tu
grito de pez que huye
torrente
arriba)
mírame
(tócalo)
hija de tu hijo
(acaricia su yelmo reluciente)
cubre
(con tu rosado pezón)
mi
dentellada.
En el ancho mar de los sargazos
una vez más olfateo
tu engañoso
desplazamiento de fiera en las tinieblas
el áspero perfume que escapa de tus axilas
el siniestro
encanto de tus abismos
deambulo por calles arrebatadas al miedo
zaguanes preñados de viudas negras
de delicados cachalotes en celo
de antropófagas sin dientes
que se arrastran hacia las sombras
trocando puentes por escamas
dibujando enmarañados tatuajes
en el sol de los prostíbulos
del fondo de una sucia pecera
emerges tú
desquiciada muñeca
de colorete y hueso
{venga
mijito}
salto al aroma de tus ancas
como mariposa a la hoguera
{esto no duele}
en tu foso diestro siniestro
me pierdo encontrándote
{así así así}
soles feroces
se hinchan en las balaustradas
demediadas lunas agonizan
tras morder mi sangre
un viento cálido presagia
danzas
rituales sobre altares de ceniza
al alba mi ardiente veneno
echa raíces en una esfinge hueca
sobre el pasto titilante la lluvia despierta
el monstruo que siempre fuimos
miren oh ascetas exhibicionistas
oh siniestros vouyers del espíritu
esta noche abro mi vientre de dragón
afilo mis colmillos de vampiro
y me convierto en llamarada de agua
en mantra de luz bajo las estrellas
yo dionisos señor del vértigo
tuve a bien reconciliar
el agua con el polvo mientras el útero infantil
de lady chaterly se abría suavemente
y suavemente clamaba como una anémona
marina bajo el oleaje
chuí chuí chuí
yag yag yag
yag yag
yag
tras sepultar
la luz del tercer espejismo
alguien que no se me parece
es obligado a resucitar
en el ancho mar de los sargazos.
You can never drink of it
-No
se dice drink of it, señora Gregorio,
lo que usted quiere decir es think of it.
Malcom Lowry
Bajo el Volcán
me bebo la tarde (la luz mortecina
de la tarde) me bebo la ciudad (sus
pasadizos ocultos sus disecciones
aleatorias su ciego empeño en
incubar azuladas doncellas) me bebo
el chasquido de unos ojos (arcanos
recintos donde un furtivo daimon
se agita) me bebo la noche efervescente
(emboscadas de mujeres movedizas
labios efímeros o lenguas rapaces
estallidos de mar contra el insomnio)
me bebo recuerdos amarillos (fugacidades
que el tiempo disecó y ahora guarda
en pequeñas hornacinas blancas)
me bebo los años que he muerto buscándola
(en vano te soñaron mis estíos
hembra proteica cuerpo mandala
rostro de bailarina asiria
subiendo con las crepitaciones)
me bebo el resplandor oscuro de
la luna (pienso en ancianos
marchitos amasando vidas secretas
en santos agazapados
ardiendo sobre llamaradas frías
en hermafroditas que un día
tuvieron el coraje de renunciar
al cielo prometido para vadear
el pozo de las revelaciones)
me bebo a mí mismo (es tan
difícil escoger entre promesas
decoradas con amuletos inservibles
o el manantial que profané hasta
desencontrarme o esas precarias
esfinges para resucitar lázaros ajenos)
me bebo el amanecer (un caracol
absorto ante su propia huella
yace sobre la arena húmeda
una gaviota se ha perdido mientras
retozaba entre hendeduras de basalto
el borracho continúa sobre el peñón
vigilando el ritmo ciego de las mareas
le han permitido sumergirse
en su lenguaje inútil en esa lucidez
errática y maldita que los cuerdos abominan
pero afirman -quienes saben- que ya ninguna
cofradía podrá unir los cabos sueltos
y que una madrugada -para felicidad
de los turistas- terminará
por ceder al llamado de las aguas)
me bebo el sol (bestia
oronda y perezosa que
me empuja al
barranco).