FERNANDO CAZÓN
VERA
Nacido en 1935. Periodista y editor de
periódicos y revistas. En la actualidad es columnista de los diarios Expreso y
Extra, de Guayaquil. Ha publicado los poemarios: Las canciones salvadas, El enviado, El
extraño, La misa, La guitarra rota, Poemas comprometidos, El hijo pródigo, El
libro de las paradojas, Este pequeño mundo, Cuando el río suena, A fuego lento,
Este amor también llamado muerte, Del amor solamente, El cuento del gallo pelón
(poesía infantil),Relevo de prueba y La sombra degollada. Ha recibido varios
premios en concursos de poesía: En 1952 y 1953, ganó los Juego Florales
Vicentinos; en 1954, el Festival Universitario de las Letras; en 1966, el
Primer Concurso Nacional de Poema Mural; en 1976, el Premio Unico de Poesía en
el Concurso Nacional de Literatura convocado por la Universidad Central
con motivo de su Sesquicentenario. Ganó en España el premio "Conrado
Blanco". El Municipio de Guayaquil lo condecoró por dos oportunidades con
la presea de oro "Al Mérito Literario". Recibió la Lira Poética de la Asociación de
Periodistas Guayaquil. La
Matriz de la
Casa de la Cultura Ecuatorianala Casa de la Cultura por dos
oportunidades. Profesor universitario durante 15 años. Ha participado en
encuentros culturales, como invitado y expositor, en México, La Habana, Medellín y Caracas. publicó una extensa antología
su Obra Poética (1958- 2000), en la colección "Poesía Junta", que
incluye a los poetas contemporáneos más notable del Ecuador que han publicado
obra lírica luego de la generación "Madrugada", es decir desde
comienzos de los años cincuenta. Fue Presidente del Núcleo del Guayas de
MANICOMIO
Los locos se
graduaron
de napoleón el
uno
la más bella de
Ofelia
y el orate mayor
llegó a ser
general
después de
derrotar
a sus molinos
el más humilde
se gradúo de perro.
Otro llegó a ser
nube
para poder besar
a la jirafa.
Pero, cosa rara,
habiéndolo
podido
nadie quiso ser
Dios.
LOS AMANTES DE SUMPA
donde están las
memorias de ese beso
que había
anundado amante con amada
dónde los fuegos
de esa llamarada
que armó el amor
con sus presuntos huesos
solo quedan las
sombras desterradas
sobre los viejos
muros del regreso
y el instante
crucial que quedó preso
en la perpetua
cópula sagrada
pero en la
sucesión de sus dos vidas
se hizo el
silencio el llanto las heridas
se hizo la
luz la soledad el viento
y allí está
m desde entonces contra nunca
ese deseo de la
carne trunca
que hizo la
eternidad en un momento
LA
LOCA DE
LA CASA
Angelina, la
loca de la casa
en los relojes
anda a contravía
rescatando las
horas y los días
del tiempo que
se atrasa
a pie recorre
toda la semana
va pisando las
nubes con su vuelo
de ángeles
desahuciando el mismo cielo
de muertes la
campana
Angelina no sabe
si está loca
usa y desusa la
cordura ajena
busca vampiros
en la luna llena
sirenas en las
rocas
para incendiar
el vuelo de las aves
le presta al sol
su interminable fuego
y por llegar al
reino de los ciegos
va quemando sus
naves
Angelina no sabe
si está muerta
o si la vida se
la están prestando
y no sabe el por
qué no sabe cuándo
cierra la última
puerta
en su cabello
llorarán las nubes
galopará un
caballo por su dueño
y con el humo
que no tiene dueño
a lo inefable
sube
Angelina la
bella demente
piensa que ha
comenzado un largo viaje
y al desatar de
nuevo sus cordajes
fuga a
contracorriente
y porque el
corazón se le hace viejo
y ha perdido
otra luna en su mirada
alguna vez
regresará a la nada
entrando en el
espejo
HARA KIRI
el samuray
derrotado
se hace el hara
kiri
como, si en realidad,
se masturbara
sensualizado por
la muerte
es su único sexo
la ya depuesta
espada
el semen final
su estéril
sangre
ah, esa horrible
humillación
de la victoria
ajena
que por cambiar
de mano
lo ha dejado
impotente
NARCISO
Narciso
dejo entonces su rostro enamorado
sobre el charco
o el lago sobre el mar o el río
miró al fondo
del agua como en un extravío
si ya no era el
amante que se sentía amado
tal vez fue solo
un sueño lo que había mirado
en aquel
territorio por cercano sombrío
que del invierno
cruel al más ardiente estío
lo llenaba de un
tiempo que quedó en el pasado
acaso era algo
insólita la razón de su espera
creyendo que su
rostro aún le era diferente
y surgiría de
pronto como alguna quimera
y por tentar la
búsqueda después del espejismo
narciso que se amaba con amor impaciente
fue a buscarse
en el fondo de todos los abismos
CASI
Tú no tenías
nombres
y acaso para
amarte
tampoco hacían
falta las palabras.
Tú tenías dos
ojos
dos pechos
y dos manos
una mitad de
tacto
y otra mitad de
luna
Y yo te amé por
esa simple
necesidad de
amar todos los días.
Pero una vez
te fuiste con el
viento
y quedó solo
tu mitad de luna
EL INEXISTENTE
El que no tiene
un nombre que ponerse
un hueso para
roer
El que anda
prestando sed
para tomar sus aguas
pidiendo un ojo
en que llorar su llanto
mendigando su
pan con otras hambres.
El que no tiene
desnudez. Y en cambio
tiene un lunes
después del otro lunes.
El que se fue
para volver. Y ha vuelto
con una lluvia menos
El difunto
al que
enterraron sin ningún cadáver
LOS POETAS
Los poetas se
comen de nuevo su camisa.
Qué más pueden
comerse mis hermanos poetas.
Qué más saben
hacer si no es morirse de hambre
y morirse es un
decir, es una frase hueca
Una amarga
metáfora, un error de sintaxis.
Ellos que ni siquiera tienen
donde caerse muertos.
MURIENDO
el agonizante
bailó un vals
sin saber que
estaba agonizando
un largo y
elegante vals que pretendía
derrocar lo
prosaico y absurdo de la vida
bailó con una
joven casi adolescente
sin que la joven
tampoco supiera
que de cierta
manera
estaba bailando
con la muerte
y cuando el vals
terminó
la suerte del
hombre que bailaba
por última vez
ya estaba
definitivamente echada
pero la joven
tampoco sabía
entre otras
cosas
que la muerte
había bailado
el mismo vals
hace ya tanto tiempo
con otra joven
como la joven del cuento
que tampoco
sabía que era el último vals
que bailaba
creyó que era el
primero
la muerte es tan discreta
y aunque la creamos indolente
sabe tanto
por vieja
FORTUITO ENCUENTRO
Y cara a cara me
encontré con ella
como en un “vis
a vis” inesperado
creo que llevaba
un rostro diferente
que por una
emergencia le prestaron
y un cuerpo
hecho a medida de mi cuerpo
y una mirada que
no supo dónde
poner. Una
mirada tan siniestra
Pero, que nos conocimos
está claro
y como dicen que
el que calla otorga
pues yo no le
dije que esta boca es mía
y ella rompió el
silencio preguntando
por el crimen
que juntos cometimos
también por el
cadáver, por supuesto,
pues que si aquí
lo puse no lo encuentro
y allí le
contesté que en un crepúsculo
base yo mi
estratégica coartada
y ella me
preguntó por mi familia,
por el sobrino
crápula y el tío
que vivió de
“cuentero” hasta esa noche
en que se
suicidó por una arpía
y yo le
contesté, como en revancha,
por su quinto marido,
el industrioso,
que quiso
quebrar su fábrica de hielo
(una quiebra
ficticia) con un fósforo,
y por su padre
que cambió de sexo
para ejercer la
profesión más vieja
y por su madre
que colgó los hábitos
al cerrar el
burdel. Y se hizo pía.
y por su hermano
el incestuoso. En fin
fueron gratos
recuerdos de familia.
Después nos
despedimos con un beso
que ya se lo
quisiera el mismo Judas.
Ella siguió de
largo. Era la misma
que me indujo a
estafar a tanta gente.
Muy poco había
cambiado. No tenía
ya los colmillos
de una vampiresa.
De mi ojo
izquierdo se rodó una lágrima
digna de un
cocodrilo. Eso fue todo.
EL VIEJO CÍRCULO
I
Duro ha sido
vivir de tantos lunes.
En la pared
donde me crucifican
oigo al martillo
derrotando al clavo.
Y después qué
vergüenza dar las gracias
si hasta el amor
es un remordimiento.
Y después, qué
tristeza
verse desnudo y
con las manos huecas.
Y luego renacer.
Y luego darse
hasta que se
repita lo de siempre.
II
Nadie sabe que
es el agua
hasta que no lo
culpen de un ahogado.
Nadie sabe que
es la tierra
si no lo mueven
los profundos sismos.
Nadie sabe que
es el árbol
hasta que no lo
culpen de un ahorcado.
Nadie sabe que
es pan
si no lo
despedazan los hambrientos.
Nadie sabe que
es agua, tierra, árbol, pan.
Nadie sabe que
es nada.
III
Ardiendo entre
dos polos genitales
de origen valgo,
mas de origen muero.
Entre dos cifras
dígitas me ponen.
Apareado a mi
sombra
por la segunda
vez estoy herido.
Estoy de anónimo
entre mis dos nombres
y me detienen
entre dos pisadas
mientras me
olvidan entre dos memorias.
Estoy entre dos
piernas y dos aguas,
sobre la tierra
que me pulsa,
bajo la
campanada que me llama.
Ardiendo estoy,
me purifico y quedo
dividido otra
vez en dos cenizas
hasta que en
algún punto de la muerte
los extremos se
toquen.