Francisco Morales Santos. Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel
Asturias en 1998. Francisco Morales Santos nació el 4 de octubre de 1940, en
Ciudad Vieja en el departamento de Sacatepéquez, Guatemala. Junto a Luis
Alfredo Arango, Julio Fausto Aguilera, Delia Quiñónez de Tock, Antonio Brañas,
José Luis Villatoro y Roberto Obregón, Morales Santos fue miembro fundador del
grupo Nuevo Signo. Dirigió los tres únicos números del periódico La gran flauta
y de la edición de Las plumas de la serpiente, antología del grupo. Ha obtenido
el Primer Premio en los Juegos Florales Centroamericanos de Quezaltenango, y
Premio Único en 1978 en el Festival Nacional de Arte de la Universidad de San
Carlos de Guatemala. Ha colaborado en periódicos y revistas de Guatemala,
México, El Salvador, Costa Rica y Colombia. También ha incursionado en la
crítica literaria. Ha publicado en poesía: Agua en el silencio(1961),Ciudades
en el llanto (1963 y 1965), Germinación de la luz (1966), Nimayá
(1968), Sensación de lo lejano (1968), Tenebrario (1969), Escrito
sobre olivosCuerno de incendio (1976), Cartas para
seguir con vida (1977 y 1993), Ceremonial para el olvido (1979), Poesía
para lugares públicos (1976), Conjuros contra gangrena y tumba
(1978), Al pie de la letra (1987), Madre, nosotros también somos
historia (1988/1990/1998), Implicaciones del verbo amar (1990), Ceremonial
contra el olvido (1995), Asalto al cielo: antología 1967-1996
(1997), ¡Oh líquida memoria! (1999), Escritos sobre fondo oscuro (2001). (1971),
CASA DE SUEÑO
Durante
años fue un fruto acariciado
de
labios para afuera
a la
distancia
con la
glotonería de unos ojos
que
recelan de la edad y la invidencia
fue una
gran mariposa de colores
que se
iba de las manos
pero al
día siguiente retornaba
vestida
de ilusiones
por
años largos años
estuvo
detenida entre las aspiraciones
y las
velas
a veces
la veía pasar como una nube
cantándome
al oído
cuántas
veces fraguó en el cerebro
pero
resucitaba como lázaro
fue una
cuenta por pagarle a la niñez
la mía
y la de mi descendencia
sin
conocerla le escribí canciones
todo
fue vestirla y revestirla
de
distintas edades y tamaño
colocándole
nuestros corazones en el centro
y por
fuente el fluir de las palabras
la
imaginé creciendo como un poema
como
una flor en cuyos pétalos se juntan
las
inquietudes y los sueños
la
imaginaba como tú en tus mejores años
que no
han pasado
que
perduran
que
entre invierno y verano se renuevan
que
entre hijos y nietos se reposan
que
siguen palpitando como la dádiva más viva
como la
piedra original
la que
se entierra para que brote en ladrillos
y
florezca en techo y sepa a nido
la
pensaba en coloresy escogía
el de
una venturina
por ser
miel de la tierra
en ella
mineralicé mi anhelo
y lo
regué con versos que hablan de la arcilla
y los
cálidos albergues
se
parece a una playa. es eso
porque
en ella confluyen
las
olas y los ríos que hablan de lo que es en el instante
por
sobre la nostalgia
y los
días fragmentados por un grito de muerte
porque
a ella se avocan
el azul
de la tierra y el azul del cielo
soles y
lunas en bandeja de agua.
Día
tras día recogía mieles
que se
le escurrían a la madrugada
junto
con el perfume de las rosas silvestres
aún no
polucionadas
pensando
en lo que habría de ser la residencia
del
canto en coro de las palpitaciones
el
puerto del que parten y al que retornan
con
dilatado regocijo los amantes
para
ser abrasados por su aliento
la caja donde guardan los susurros
los besos los abrazos
la que tiene por veleta viviente al clarinero
y se baña con trinos de otros pájaros
en los extremos del día
el orbe en que hemos aprendido a descifrar
los balbuceosde los hijos
en su estación de niños
en su hora de musicalizar la vida sin descanso
cuando la vida gira en torno a sus afectos
Afán indescriptible de todos los afanes
afán de nauta
que construye el barco con sus propias manos
afán que se derrama con arrojo
sobre un diario sediento de dibujos
donde a la vez se vuelcan la sangre y los presagios
de buenos vaticinios
el ansia y la osadía en inédita argamasa
el afán de tenerla para asentar la vida
el afán de rodearla con los ojos
a distintas horas
y sentir el calor de su presencia
y convencerse de la razón de ser
de labrar el día
por un sitio como este
para que impregne de algarabía sus paredes
El afán de vivirla palmo a palmo
de ponerle alas en las cuatro esquinas
para que la eleven por sobre sus columnas
el afán de ponerme a descascarar el sueño
por darle contrapeso a la indolencia
el afán de empalabrarla
de la misma manera que la mar se entretiene
llenando caracoles
con acentos del más diverso origen.
Aquí todo borbota como un río:
la palabra y su savia
la sonrisa y su eco
las manos ¡sí tus manos! cargadas de ternura
los cuerpos y sus sombras empinadas
los dedos en la tejeduría de los oficios diarios
los pies prestos a gobernar el tiempo.
Ciudad,
¿qué eres si no una piedra
empotrada
en mi costado?
No nací
contigo
ni
moriré en tus sueños,
yo no
recordaré sino aquel río
que
humedeció el adobe
y las
plantas de la casa
que
albergó mi infancia.
Pero el
morir es otro cantar
como el
de un pájaro
de
hábitos extraños.
Uno es
de donde quiere,
mejor
dicho de donde vio la aurora
y se
amamantó en su luz.
Yo vine
de los espacios cálidos
con las
vista llena,
como un
trozo de ámbar,
como un
depósito de plumas
y alas
multicolores,
de
cafetos en flor y de naranjos,
como un
herbolario
que
para darse vida
se
aplica aromas en todos los sentidos.
BREVE POEMA PARA
ALUMBRAR SU NOMBRE
La
materia no mira que ella pueda despertar
José Lezama Lima, en Dador
Desvanecer
su imagen en su propia sangre,
darle
fin a su cuerpo de igual modo
que
papeles lanzados a las llamas,
desviar
el río de su voz
a los
tragantes,
invocar
a la sombra que al final de todo
los
engulle
devolviendo
a la vida lo que le pertenece:
tal el
deseo de los que mascan ocio
y han
puesto cruces en madera joven;
los que
envuelven al dios de su creencia
en el
desmán y el bochorno.
Su
aprehensión los ciega y es su talón de aquiles,
talón
de semoviente alquilado
a bajo
costo.
En
adelante cojeará su alma
frente
al espejo de sus hijos.
Mientras,
esta mujer que es patria
por su
continente y sueños
gravita
en torno vuestro,
olvidados
de hoy de siempre,
esta
mujer que germina y se convierte
en
lámpara, en girasol, en astro
y va
desentumeciendo los recuerdos
que
alguna vez quisimos que se volvieran humo.
Nació
para confundir a la muerte
mostrándole
los ojos rotundamente abiertos
y los
labios a la cabeza de los pétalos
en el
comienzo de la primavera.
Ella,la gota que horadó el silencio,
la que
puso a la orden de nosotros su voz y su sonrisa