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2010

Hugo Jaramillo Muñoz
María Fernanda Espinosa
Eloy Sánchez Rosillo
Isla Correyero
José Luis Díaz-Granados
Antonio Correa Lozada
Vilma Tapia Anaya
Malú Urriola
Mario Meléndez
Margalit Matitiahu
Margarito Cuellar
Víctor Cabrera
Carmina Estrada
Victoria Guerrero Peirano
Augusto Rodríguez
Ulises Estrella
Carlos Garzón Noboa
Carmen Inés Perdomo 
Nelly Córdova Aguirreo 10]>
 
 
 

FRANCISCO MORALES SANTOS

 
 

 
Francisco Morales Santos. Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en 1998. Francisco Morales Santos nació el 4 de octubre de 1940, en Ciudad Vieja en el departamento de Sacatepéquez, Guatemala. Junto a Luis Alfredo Arango, Julio Fausto Aguilera, Delia Quiñónez de Tock, Antonio Brañas, José Luis Villatoro y Roberto Obregón, Morales Santos fue miembro fundador del grupo Nuevo Signo. Dirigió los tres únicos números del periódico La gran flauta y de la edición de Las plumas de la serpiente, antología del grupo. Ha obtenido el Primer Premio en los Juegos Florales Centroamericanos de Quezaltenango, y Premio Único en 1978 en el Festival Nacional de Arte de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha colaborado en periódicos y revistas de Guatemala, México, El Salvador, Costa Rica y Colombia. También ha incursionado en la crítica literaria. Ha publicado en poesía: Agua en el silencio(1961),Ciudades en el llanto (1963 y 1965), Germinación de la luz (1966), Nimayá (1968), Sensación de lo lejano (1968), Tenebrario (1969), Escrito sobre olivosCuerno de incendio (1976), Cartas para seguir con vida (1977 y 1993), Ceremonial para el olvido (1979), Poesía para lugares públicos (1976), Conjuros contra gangrena y tumba (1978), Al pie de la letra (1987), Madre, nosotros también somos historia (1988/1990/1998), Implicaciones del verbo amar (1990), Ceremonial contra el olvido (1995), Asalto al cielo: antología 1967-1996 (1997), ¡Oh líquida memoria! (1999), Escritos sobre fondo oscuro (2001). (1971),


CASA DE SUEÑO

 

Durante años fue un fruto acariciado

de labios para afuera

a la distancia

con la glotonería de unos ojos

que recelan de la edad y la invidencia

fue una gran mariposa de colores

que se iba de las manos

pero al día siguiente retornaba

vestida de ilusiones

por años largos años

estuvo detenida entre las aspiraciones

y las velas

a veces la veía pasar como una nube

cantándome al oído

cuántas veces fraguó en el cerebro

pero resucitaba como lázaro

fue una cuenta por pagarle a la niñez

la mía y la de mi descendencia

sin conocerla le escribí canciones

todo fue vestirla y revestirla

de distintas edades y tamaño

colocándole nuestros corazones en el centro

y por fuente el fluir de las palabras

la imaginé creciendo como un poema

como una flor en cuyos pétalos se juntan

las inquietudes y los sueños

la imaginaba como tú en tus mejores años

que no han pasado

que perduran

que entre invierno y verano se renuevan

que entre hijos y nietos se reposan

que siguen palpitando como la dádiva más viva

como la piedra original

la que se entierra para que brote en ladrillos

y florezca en techo y sepa a nido

la pensaba en colores  y escogía

el de una venturina

por ser miel de la tierra

en ella mineralicé mi anhelo

y lo regué con versos que hablan de la arcilla

y los cálidos albergues

se parece a una playa. es eso

porque en ella confluyen

las olas y los ríos que hablan de lo que es en el instante

por sobre la nostalgia

y los días fragmentados por un grito de muerte

porque a ella se avocan

el azul de la tierra y el azul del cielo

soles y lunas en bandeja de agua.

 

Día tras día recogía mieles

que se le escurrían a la madrugada

junto con el perfume de las rosas silvestres

aún no polucionadas

pensando en lo que habría de ser la residencia

del canto en coro de las palpitaciones

el puerto del que parten y al que retornan

con dilatado regocijo los amantes

para ser abrasados por su aliento

la caja donde guardan los susurros

los besos los abrazos

la que tiene por veleta viviente al clarinero

y se baña con trinos de otros pájaros

en los extremos del día

el orbe en que hemos aprendido a descifrar

los balbuceos  de los hijos

en su estación de niños

en su hora de musicalizar la vida sin descanso

cuando la vida gira en torno a sus afectos

 

Afán indescriptible de todos los afanes

afán de nauta

que construye el barco con sus propias manos

afán que se derrama con arrojo

sobre un diario sediento de dibujos

donde a la vez se vuelcan la sangre y los presagios

de buenos vaticinios

el ansia y la osadía en inédita argamasa

el afán de tenerla para asentar la vida

el afán de rodearla con los ojos

a distintas horas

y sentir el calor de su presencia

y convencerse de la razón de ser

de labrar el día

por un sitio como este

para que impregne de algarabía sus paredes

El afán de vivirla palmo a palmo

de ponerle alas en las cuatro esquinas

para que la eleven por sobre sus columnas

el afán de ponerme a descascarar el sueño

por darle contrapeso a la indolencia

el afán de empalabrarla

de la misma manera que la mar se entretiene

llenando caracoles

con acentos del más diverso origen.

 

Aquí todo borbota como un río:

la palabra y su savia

la sonrisa y su eco

las manos ¡sí tus manos! cargadas de ternura

los cuerpos y sus sombras empinadas

los dedos en la tejeduría de los oficios diarios

los pies prestos a gobernar el tiempo.

 

Ciudad, ¿qué eres si no una piedra

empotrada en mi costado?

No nací contigo

ni moriré en tus sueños,

yo no recordaré sino aquel río

que humedeció el adobe

y las plantas de la casa

que albergó mi infancia.

Pero el morir es otro cantar

como el de un pájaro

de hábitos extraños.

Uno es de donde quiere,

mejor dicho de donde vio la aurora

y se amamantó en su luz.

Yo vine de los espacios cálidos

con las vista llena,

como un trozo de ámbar,

como un depósito de plumas

y alas multicolores,

de cafetos en flor y de naranjos,

como un herbolario

que para darse vida

se aplica aromas en todos los sentidos.


 

BREVE POEMA PARA ALUMBRAR SU NOMBRE

 

La materia no mira que ella pueda despertar

José Lezama Lima, en Dador

 

Desvanecer su imagen en su propia sangre,

darle fin a su cuerpo de igual modo

que papeles lanzados a las llamas,

desviar el río de su voz

a los tragantes,

invocar a la sombra que al final de todo

los engulle

devolviendo a la vida lo que le pertenece:

tal el deseo de los que mascan ocio

y han puesto cruces en madera joven;

los que envuelven al dios de su creencia

en el desmán y el bochorno.

Su aprehensión los ciega y es su talón de aquiles,

talón de semoviente alquilado

a bajo costo.

En adelante cojeará su alma

frente al espejo de sus hijos.

Mientras, esta mujer que es patria

por su continente y sueños

gravita en torno vuestro,

olvidados de hoy de siempre,

esta mujer que germina y se convierte

en lámpara, en girasol, en astro

y va desentumeciendo los recuerdos

que alguna vez quisimos que se volvieran humo.

Nació para confundir a la muerte

mostrándole los ojos rotundamente abiertos

y los labios a la cabeza de los pétalos

en el comienzo de la primavera.

Ella,  la gota que horadó el silencio,

la que puso a la orden de nosotros su voz y su sonrisa

y al alzar su mano la vistió de lumbre.

La del plenilunio en el rostro, sí;

la de la ternura en brazos, sí;

la de los días que no serán contados

porque no hay vuelta de hoja en esto

de romper los cánones del adiós último,

pues está en su derecho de ponerse de pie

y seguir de frente.

 

 

LAURA TOMÁS

 

recuerdo la comisura de tus labios

presta a soltar la risa,

tus ojos almendrados

inquiriendo por el resto de lo que no te dije

al oído,

tus cabellos bajando como un río

por encima de tus hombros,

tus manos, oh sí, dádivas suaves

que un día se alejaron sin decir adiós

junto con la sombra

de tu cuerpo de estatura mediana

sin decir palabras

que hoy recordaría para evadir la soledad

 

 

 


LO QUE NO FUIMOS

 

“No soy un héroe, soy un bailarín”

                Barishnikov

 

No. No juguemos

a ser lo que no fuimos.

¿Héroes?

No. Aquí, todos

los que optamos por la vida

sin daños a terceros

tenemos cicatrices.

 

 

POEMAS DEL VERANO

 

Por el ojo del ala de una mariposa

pasa el ojo que antes la vio de hito en hito,

muriéndose en deseos de entrar en su arcoiris.

El ojo vibrador del ala

con su polen de luces

amarillas, carmines, esmeraldas,

reproduce en tan breve planetario

geografías sedosas

como las almas de los niños.

Sobre el ala de una mariposa

reposa el paraíso

y la convierte

en el más envidiable de los mantos

que va y viene en el aire

a merced de vientos

conciliados.

Hermana de las flores,

la busca, la palpa, la recubre

y luego de su rodeo indescifrable

no se lleva siquiera los recuerdos,

solamente la esencia del perfume…

y es que el ala de una mariposa

tiene su propio universo.

 

 

Altiva es la hoja en su verdor brillante

pero más recia,

a pesar de su tamaño,

es esta rana

que asiste a contemplar la primavera

lavarse en el riachuelo

No le mires el cuerpo

sino sus movimientos placenteros,

su saltito de prima ballerina,

el deslizarse sin temor al tiempo

y la líquida morada

que se le ha concedido.

La apadrinan la lluvia y el rocío

las flores la defienden

de las piedras de oscuro corazón.

Loado sea el reino de las ranas

por estar apartado del ruido mundanal,

sólo bajo un concierto de árboles

y rápidas visitas de aves

que descienden a mojarse el pico

a la hora en que calienta el sol.

 

 

Con el arrullo del agua

que corre haciendo gárgaras

por entre la quebrada

dos sapos,

hembra y macho,

simulan uno solo.

Empapados de amor

se envuelven en un solo jadeo

que se entrevé en sus ojos.

Si el viento tradujera

lo que al oído se dicen,

lo que ven en su éxtasis

el calor que se les vuelve

saliva resinosa

para amasar al hijo.

La hoja, pequeña,insignificante,

echada a menos,

hoy se siente planeta

estacionado para el júbilo,

mañana será una página

nuevamente en blanco

pra que otra pareja

pase y pose

y se enrede en pasiones semejantes.

 



 


 



 
 
 
 
 
 
 

AUSPICIOS