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2010

Hugo Jaramillo Muñoz
María Fernanda Espinosa
Eloy Sánchez Rosillo
Isla Correyero
José Luis Díaz-Granados
Antonio Correa Lozada
Vilma Tapia Anaya
Malú Urriola
Mario Meléndez
Margalit Matitiahu
Margarito Cuellar
Víctor Cabrera
Carmina Estrada
Victoria Guerrero Peirano
Augusto Rodríguez
Ulises Estrella
Carlos Garzón Noboa
Carmen Inés Perdomo 
Nelly Córdova Aguirreo 10]>
 
 
 
RAFAEL ESPEJO
 

 


Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, ejerce de profesor de español para extranjeros, de gestor cultural en programas de fomento de la lectura, de lector para la editorial de poesía Pre-textos y de colaborador como articulista de opinión y crítico literario en diversos medios. Su obra aparece en diversos recuentos y antologías de la poesía reciente y parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés, al portugués y al italiano. Su obra literaria se compone de: El círculo vicioso (finalista del Premio Federico García Lorca de 1995, Granada, Universidad, 1996). Con (Granada, Cuadernos del Vigía, 1999). El vino de los amantesex aequo del Premio Hiperión. Nos han dejado solos (Valencia, Pre-textos, 2009), que resultó ganador del X Premio de Poesía Emilio Prados. Sus poemas aparecen en antologías de poesía española contemporáneaUn siglo de sonetos en español (Hiperión, Madrid, 2000). Edad presente. Poesía cordobesa para el siglo XXI, (Vandalia, Sevilla, 2003). Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, Madrid, 2003). Los lunes, poesía. Antología de poesía contemporánea para jóvenes (Hiperión, Madrid, 2004). 33 de radio 3, (Calamar / Rne3, Madrid, 2004). Deshabitados (Maillot Amarillo, Granada, 2008). Publica con regularidad crítica literaria en diversas revistas de poesía (La Estafeta del Viento, Hélice, Istmo, Paraíso, Cuadernos Iberoamericanos, etc.) y otros volúmenes compilatorios, como: Hace falta estar ciego. Poéticas del compromiso para el siglo XXI (Visor, Madrid, 2003). Alí Chumacero: Páramo de sueños. Antología poética (Pre-textos, Valencia, 2008). (Madrid, Hiperión, 2001), que resultó ganador como:


POEMA ESCANEADO RAFAEL ESPEJO (2) 
MADRIGUERA

 

Desde las mantas,

como el vaho de un horno,

sube su aliento rancio en la mañana:

 

huele a barro

el regusto lechoso y fermentado

de su sueño en la boca.

 

Con hilillo de baba

seca en la comisura de sus labios

 

y un sudor aceitoso surcándole la piel.

Las greñas enredadas.

 

(¿No desean lamerla, retozarse con ella

como serpientes entre hierbas altas?)

 

Así la quiero yo: hedionda,

envuelta en la placenta de los días;

presta para nacer entre mis brazos

con las primeras gotas de una luz

                                      que la persiana filtre

macerando sus ojos.

 

Así. Pura mujer. Sin trampas.

Pestilente. Fluvial.

Inmaculada.

 


AMOUR FOU

 

Apaguemos la vela y en silencio

hagamos el amor palpando sombras.

Que crujan de placer nuestros desnudos.

 

Que las ondas de aliento entrecortado

te rosen el fulgor de los pezones.

Probemos de esta miel la noche toda.

 

Luego me marcharé sin despertarte:

no dejaré ningún beso dormido

sobre tus labios blandos y entreabiertos.

 

Y olvidaré las calles que desande,

por si vuelve a surgirnos la ocasión

de querernos como desconocidos.

                       

EL BESO

 

Un dedo masculino y corazón

surca las languideces de esos labios

débilmente entreabiertos.

 

Se siente un leve soplo.

 

Tras los ojos cerrados

cada cual imagina el lento beso

que comienza a brotar.

 

Saborean. Demoran el deseo.

 

Los amantes quisieran comprobar la emoción

desde el cuerpo del otro,

fingen que fingen.

 

Quieren hacer un beso

que la lluvia del tiempo no erosione.

Que permanezca mínimo y total.

 

El beso que han soñado tantas veces.

 

Y cuando al fin comparten la saliva

les queda la impresión

de haber equivocado algún detalle.

 

DE NOCHE,  LOS  DOMINGOS

 

De noche, los domingos son más tristes.

Ayuda la impresión bobalicona

de la distante luna, cuyo velo de flema

irreal se contagia:

las familias se arropan a la lumbre

eléctrica, o apuran

los restos de la cena quedamente,

pensando ya en la paz merecida del catre;

descienden el telón de las persianas

y se rinden al sueño de sí mismas.

 

“Que nadie nos moleste”

digo entonces,

“vámonos a un rincón”.

Me aprietas silenciosa. Tú también tienes frío.

Pero los dos sabemos que quizás

sea mejor así,

caminar solitarios los recodos del pueblo

y a espaldas del convento

–piedras despellejadas con verdín-

nuevamente entregarnos en un culto

feliz porque salvaje:

                                 dos mamíferos

que luchan contra el medio por conservar no más

que su sangre caliente.

 

BODEGÓN

                                              

Sobre una mesa de madera pobre

y en cuenco de terrazo,

unos trozos de pan y tres naranjas

acompañan al vaso ensombrecido

de vino rojo.

 

La pintura del lienzo está rugosa

 

como la idea:

naturaleza muerta,

las estrías del tiempo,

la luz fosilizada.

 

No hay nada en él de humanidad.

La mano que indagaba en las esencias

sólo plasmó lo estéril

(ni polvo quedará de aquellos dedos).

 

Pero debajo,

tras una de las grietas del color,

nace el milagro de la primavera:

una colonia de hongos

                                    reivindica, orgullosa,

la regeneración de la materia

en el arte insensible,

 

mortal como la carne

 

y acaso tan hermoso.

 

De El vino de los amantes (Hiperión, 2001)

         

  PRINCIPIO Y FIN DE LA SIESTA

 

Saciados el estómago y el sexo,

¿qué queda?

 

Mullo el vientre calmado de mi amiga,

 

que entrecierra los ojos

y apenas corresponde:

 

un roce, como ondas

erizando sus hebras.

 

Desnuda, libra

la gravedad

 

de los acantilados

 

bajo el plácido vuelo

de los pechos

 

 (el corazón,

 

poroso y rojo,

serena nuestro canto en su caverna).

 

Si se ovilla

es un monte que ofende en la sabana

 

la aridez del ocaso,

Y late

 

con pulso adormecido

 

una respiración secreta, vegetal:

oigo el musgo crecer sobre su pelvis.

 

La calavera rumia el sueño de su vida

como el mar en las conchas deshabitadas:

 

¿Qué reverso del mundo

he de aceptar por no quedarme solo?

 

Y este beso, ¿se filtra

como vaho en su hipnosis?

 

¿Es el aliento dulce del incienso

o acaso niebla baja

que sonrosa los bordes

de mi amiga?

 

Duerme,

 

duerme sobre nosotros

un cielo ensimismado

 

mientras cruza su frente

 

esa nube que apaga,

un momento, la tarde.

 

 

NO ME LO EXPLIQUES

 

Cuando unas aguas se diluyen

                                                   en más agua

crece el anonimato del mundo.

 

También a las hormigas,

mientras portan el grano y lo almacenan,

las atrae esa muda voluntad

integradora.

 

Si una presa es cazada

la vida toma impulso en el depredador.

 

Y el viento siempre vuelve,

y la luz nunca acaba,

y las nubes suceden a las nubes…

 

Algo con insistencia está pidiendo

que me salga de mí si yo contigo.

DE AMIGA

                                              

Quien esconde un amor,

quien va celosamente almacenando

entre algodones la semilla nueva,

 

se desvela hacia adentro,

se desvela

como brilla la luna al mediodía.

 

AUTORRETRATO

 

Al final de estos brazos unas manos

para tocar por gusto

o acercarle sustento

a la boca que pía.

 

Igualmente dos piernas acopladas

al tronco: lo pasean

con sus lagares dentro,

con sus filtros y bombas,

sus engranajes sordos.

 

De perfil me embellecen

un ojo y una oreja, media nariz, dos labios

mitad sobre mitad.

 

Y duros huesos a los que se enredan

músculos trepadores

regados por la sangre que heredé,

todo cubierto de porosa dermis

mal abrigada por vellosidades.

 

Pero yo, que habito una región

ignota en el cerebro,

sólo me reconozco íntegramente

en el pene y los testículos:

esos ojos no natos con trompa umbilical,

reliquias ancestrales

de las eras biológicas que confluyen en mí,

pura animalidad que me despierta.

 

¿Para qué sirvo entonces,

a qué puedo aplicar estos dispositivos,

exactamente qué he venido a hacer?

 

Vivir, pero además

vivir consciente,

vivir como si solo

fuese real la vida.

 

Y dar gracias a ciegas

a quienes me engendraron,

gracias al niño que me trajo aquí,

gracias a las muchachas,

al perro que me sigue y a la flor transitoria,

a la llovizna mística, a la luna de agosto,

gracias a los viajes que al llevarme

me hacen creer en casa,

y a las drogas felices, y a las decepciones

que me tienen humilde.

 

Esto soy. Gracias,

enormemente gracias.

Aunque, en verdad, no era necesario nada de esto,

muchas gracias.

 

                 

 

 

 

 

 

 


 


 



 
 
 
 
 
 
 

AUSPICIOS