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2010

Hugo Jaramillo Muñoz
María Fernanda Espinosa
Eloy Sánchez Rosillo
Isla Correyero
José Luis Díaz-Granados
Antonio Correa Lozada
Vilma Tapia Anaya
Malú Urriola
Mario Meléndez
Margalit Matitiahu
Margarito Cuellar
Víctor Cabrera
Carmina Estrada
Victoria Guerrero Peirano
Augusto Rodríguez
Ulises Estrella
Carlos Garzón Noboa
Carmen Inés Perdomo 
Nelly Córdova Aguirreo 10]>
 
 
 

Víctor Cabrera

 
Nació en Arriaga, Chiapas, en 1973. Cursó estudios de letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de la plaquette de poemas culinarios Diez sonetos (2004),  del volumen de fábulas y minificciones Episodios célebres (2006), y de los libros de poemas Signos de traslado (2007) y Wide Screen (2009). Poemas suyos han sido recogidos en muestras y antologías de poesía mexicana reciente. Fue becario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), en el rubro de poesía, durante el periodo 2006-2007. Desde 2004 es editor de la Dirección de Literatura de la UNAM.
 
Poemas de Víctor Cabrera
 

Poemas de Víctor Cabrera

 

Huevos

 

1.

Cascarón,

frágil alabanza,

 

delicado

culo de doncella,

 

la mirada más febril

―la más artera―

 

te hará palidecer,

quebrarte de vergüenza.

 

2.

Yema solar,

estrella de pura proteína:

 

¿Qué galaxias sueñas

en tu prisión de calcio?

 

3.

Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre...

R.L.V.

 

Y yo tuve una novia

viscosita y transparente.

 

Llamábase Clara:

 

fluían por mis dedos

sus ricos nutrientes.

 

4.

Somos seres luminosos, Luke,

 no sólo esta tosca materia.

Yoda

 

Espectro de ti como el silencio

¾todo coraza de ausencias¾,

sólo en el calor te haces concreto.

 

Allí la ebullición consuma sus misterios,

su ocioso discurrir de doméstica tormenta.

 

(Así el calor nos vuelve a nuestra tosca materia).

 

Y brota de las aguas

¾compacto tras su sábana fantasma¾

tu cuerpo verdadero.

 

5.

¡¡¡Albricias!!! :

 

del huevo de Pascua

ha nacido un pavo real.

 


Dos calaveritas

 

Gumersinda Morales Nava
(Chilapa, Gro. 1918- Ciudad de México, 1997)


En este cráneo de petrificada azúcar
he puesto el recuerdo de mi abuela:

la que tejió el mantel
del tamaño de su mesa,
la que de niño me mostró
el valor verdadero de las cosas
gastándose conmigo
su fortuna de pobre
en objetos inútiles
pero que a ambos nos gustaban

o en aquellos viejos cines
de la colonia Roma
a los que me llevaba a ver
esos churros estupendos
de la India María y del peor Cantinflas,
y donde una vez rompí el asiento
a golpe de pura carcajada.

En este duro hueso
de azúcar que el tiempo amarillea
está la niña Gume,
mi tatita,
la edulcorada flor diabética,
cuya muerte no lloré
sino después de muchos meses,
un mediodía soleado en el que,
justo como ahora,
la memoria me asaltó con su vaho repentino
en medio de una calle
entre la gente.

 

América Martínez Castillejos
( La Calera, Chiapas 1916-Tuxtla Gutiérrez, Chiapas 2001)


Desde la lentejuela azul
de los ojos de esta calavera
se eleva como un árbol
en medio del silencio
la risa de mi abuela,

su voz,
con la que me enseñaba a recitar
aquellos versos cursis
y pasados de moda
que fueron, sin embargo,
mi primera poética.

La misma voz,
como nacida en la hondura del odre,
con la que salmodiaba a cada uno de sus nietos
y en la que la injuria
ganaba para todos nosotros
el tono amoroso del rugido
mediante el cual algunas fieras
convocan a su grey:

"Y de a'i, vos re’cabrón,
hijo de la chingada",
me saludó la última vez
que nos vimos en Tuxtla,
con los brazos abiertos y sus ojos anegados,
presintiendo ya que en ese gesto
me entregaba también su despedida.

Pobre Mequita,
qué pensaría ahora si me viera
escribiendo para ella una elegía,
con estos versos que, además,
no riman como a ella le gustaba.

 


Dos poemas

 

A los tocayos

 

Una noche en La Ópera

 

Entre la V cerveza y la 11ª

el mundo se diluye, va perdiendo consistencia.

 

Todo es simple y al mismo tiempo complicado,

como si miraras a través del agujero

que, según cuentan algunos, Pancho Villa

abrió en el cielorraso de un plomazo

por conferirle así al local

(aburguesado y caro ya de entonces)

su aura de tugurio legendario.

 

A la fecha muchas cosas han cambiado:

 

Encima de la barra, en la pantalla,

parpadea el aburrido Atlante-Pumas

que exhibe la miseria del sábado en la noche.

 

― Lo que le falta al partido es ofensiva

―masculla un diputado con licencia

que cambió su curul por una mesa un poco más discreta

después de ser

exhibido ―en Cadena Nacional―

recibiendo ya fuere algún soborno ya

los bucales elogios ―al buen entendedor…―

de algún muchacho Ganímedes de oficio.

 

En tanto, el cronista deportivo

se desgañita narrando hazañas que sólo ven sus ojos.

En vano, pues quién podría escucharlo

entre el trajín de copas y de platos

que amablemente prodigan los meseros

donde el aire es de por sí

un caliente consomé de risotadas.

 

― Lo que al partido le falta es delantera

―necea el ex tribuno sobándose los destos.

 

De veras que las cosas han cambiado:

 

El salterio ―un clásico del lounge―

repite sin cesar el loop de una rolita porfiriana.

 

― ¡Pero qué re’ chulo es todo, viejo!

―le susurra a su ¿marido? la doñita que parece suripanta.

 

Todo es a un tiempo sencillo y complicado

(¡¿Ya lo dije?!):

 

¡Pos’ que traigan las otras, qué chingaos!

 

Ya llegará el momento de alzar la voz para injuriarnos

en defensa del verso más jediondo

de nuestro peor poema (este mismo, por ejemplo)

o de escupir algunas heces dignas de estos sagrados alimentos

―el maître nos ha recomendado el huachinango deshuesado en salsita de cilantro.

 

Si no nos traen pronto la cuenta

en un par de horas más asistiremos

a la absoluta abolición de todo posible referente

―incluidos nuestros nombres, por supuesto―

 

Ya sólo faltaría

que me pusiera yo a chillar mientras me acuerdo

de aquel oscuro rinconcito de

La suave patria.

 

Un día a las carreras

 

Como el oscuro equino

que a pesar del corre y corre

ignora que ha perdido esta carrera,

 

me esfuerzo, echo el bofe,

me canso, me fatigo y me extenúo

 

… y siempre llego tarde.

 

Cabalgo, troto, voy y vengo:

hago mi lucha.

Pero miro pasar a mis costados

caballos más veloces,

jamelgos tocados por la gracia

o la ambición ―vaya a saberse.

 

Entonces me espoleo, me fustigo,

me prometo a mí mismo la corona

de este derby:

 

¡¡¡Arre, cabrón!!! ¡¡¡Tú puedes, venga, vamos!!!:

 

me digo esas frases lamentables

que he leído en manuales de autoayuda,

 

y para darle a la escena intensidad

me doy de azotes.

 

Pero el mío es el suave latigazo

del fuete de papel de la indulgencia.

 

Por más que me persigo no me alcanzo,

y no apuesto por mí

porque en una de esas gano.

 


Intervención poética # 1

para Carmina Estrada

 

“Toda acción es una intervención”,

me sugiere una amiga en la sala del museo.

Asiento porque sí, pero no entiendo.

 

Yo nunca entiendo nada,

me quedo en la superficie de las cosas,

tal vez a la mitad,

no voy a fondo pero tampoco me devuelvo:

 

Me sostengo en la pura incertidumbre.

 

No entiendo, por ejemplo,

qué hago en la sala de un museo

mirando instalaciones, cuadros, fotos

que no entiendo.

Retratos de quién y para quiénes,

oscuras frases en idiomas extranjeros.

 

No entiendo ahora mismo, por ejemplo,

qué es lo que hago en medio de estos versos,

interviniendo, tal vez, este poema.


 



 
 
 
 
 
 
 

AUSPICIOS